lunes, 13 de abril de 2009

El espejo


Te tengo una sorpresa. Algo que creo yo nunca vas a olvidar. Es algo que sentí y que pienso tengo que decirlo.


Te creía la persona más hermosa del universo, la intuición de un beso en la primera cita, la relación del mar con el cielo y un sinfín de cosas de las que hoy me arrepiento. No se ni como ni por qué, pero no puedo guardarlo más. Me das asco, eres tan solo la imitación de la rebeldía, el fracaso del pensamiento, la mentira de una verdad. Te aborrezco por no tener el valor de enfrentarte a ver quien eras y ver en lo que te has convertido. Me das pena. No consigo entender como es que llegaste a ser amado, si solo has traído dolor y tristeza a los que siempre te rodearon. Con caricias falsas, palabras de veneno y miradas que hipnotizaban a muchos que te necesitaban; eran tan solo miradas de desprecio y tiranía que maldecían cuanto se te atravesaba. Te tengo miedo porque te desconozco, tengo pavor de sentirte cerca y morir en el intento de escapar de ti. Ojalá nunca te veas solo, ojalá que nunca necesites un abrazo sincero y un beso verdadero, porque el rumbo que llevas te deja ciego y no te permite ver que ya no eres nadie, que no tienes nada y la verdad que te creas es una mentira tuya entre tantas más.


Parado frente al espejo te grito con rabia que me da vergüenza que no tengas el valor de ver en lo que te has convertido. Me da rabia el ver que no tienes la fuerza que se necesita para cada reto, me da pena verte sin decisión, sin el impulso que se necesita para afrontar los baches, para concluir las metas, para amar sin ser amado. Tonto egoísta que solo piensas en ti y en cuánto valdrá ser un imbécil. Con las lágrimas en las mejillas te digo las cosas, aunque estés parado frente a mi, aunque llores conmigo, aunque mires mis ojos, se que estás arrepentido de no haber sido una persona de verdad. Lo siento aquí igual que tú, lo siento tan triste en mi reflejo que eres tú.